Lo más profundo que hay en el hombre

Under the skin - Jonathan Glazer - Scarlett Johansson
Under the skin (Jonathan Glazer, 2013), protagonizada por Scarlett Johansson

Un malentendido, no importa si provocado o no. Los ítems "ciencia ficción", "Scarlett Johansson" y, más aún, "Scarlett Johansson full frontal", habrían atraído sobre esta cinta un tipo de público que, tal vez, no fuera convenientemente condicionado a la hora de valorarla. Hemos visto la multiplicación de comentarios de desconcierto, de desagrado. Como broma, no importa si provocada o no, excita cierto humor.

Inevitable recordar 2001, una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), a la que de cierto modo homenajea Under the skin. Y traigamos también el cine de David Cronenberg, David Lynch. Situar en una red de referencias siempre ayuda a la mente escrutadora de sentido, en especial cuando se enfrenta a situaciones, objetos, cuyo sentido se escapa. Una apertura singularmente amplia de sentido se aproxima a la carencia de sentido: a mayor apertura, menor sentido. En el límite, infinita apertura es tanto como ningún sentido. La psique tiene sus problemas con esto.
Scarlett Johansson - Under the skin
En la novela original en la que, al menos en parte, se basa la película, y de la que toma su título, el argumento aporta bastante más información sobre lo que ocurre, las identidades de los personajes y demás que en su adaptación. Sabemos que unos extraterrestres, modificados para adoptar forma humana, llegan a la Tierra para captar víctimas -varones- de esa especie, las cuales son conducidas a un lugar desde donde serán asesinadas para transformar en alimento su carne, muy apreciada como manjar en su planeta de origen. Parece haberse asumido que este esquema es aplicable al film; no parece haber nada que lo contradiga. Pero en ningún momento se nos aclara que los personajes interpretados por Scarlett Johansson y Jeremy McWilliams son, en efecto, extraterrestres. Ni queda demasiado clara cuál es la finalidad concreta de las abducciones, ni el destino final de los cuerpos. Interpretación, sentido abiertos.

La mente escrutadora de sentido encuentra un posible pie firme sobre el que apoyarse: la obra de Patrick Harpur, singularmente, Realidad daimónica. Los "extraterrestres" no son otra cosa que dáimones, en el sentido particular que da Harpur a este término. Y su reino es el del Anima Mundi, del mundo arquetipal junguiano. Son reales, pero no literales. Y ello quizá no sólo en la ficción: los transeúntes que, durante la filmación de la película, se encontraron con una atractiva joven de cabellos negro cuervo, el juego de seducción que tuvo lugar entre ellos, todo esto podría decirse que ocurrió realmente, pero no literalmente. Es más: en cierto momento, el alien-dáimon interpretado por Johansson atrae a un individuo que exhibe evidentes deformidades. Su extrañeza no le resulta evidente en primer término a nuestra dáimon. Sin embargo, el encuentro provoca un cambio en ella: abducido y presto al proceso de introducción en el Anima Mundi, ella finalmente lo libera. ¿Es él también un dáimon? ¿Se ha producido un choque entre seres del Anima Mundi? La realidad daimónica se desdobla, es ambivalente. La mente escrutadora de sentido descubre que, en realidad, está resbalando a un pie del abismo.
Under the Skin - Scarlett Johansson - Adam Pearson
Los dáimones femeninos -tan bien estudiados precisamente por otro junguiano, Erich Neumann, en La Gran Madre. Una fenomenología de las creaciones femeninas de lo inconsciente-, se caracterizan por su ambivalencia. La madre protectora, el útero-hogar primordial, la Naturaleza que concede sus dones bondadosos. Pero también la madre temible, el útero-tumba, la Vagina Dentata. La Virgen y la Diosa de la Muerte, la amamantadora y la vampira. Sexo y muerte, belleza y padecimiento, indisociables. El personaje de Scarlett Johansson intercambia estos papeles durante el film. Comienza como una sugerente promesa de intercambio sexual, conducente a una disolución en la realidad daimónica -un destino que no se antoja prometedor, según lo que podemos ver-. Sin embargo, tras su encuentro con el dáimon desfigurado, pasa a disolver su actitud activa y ciertamente hostil, para convertirse primero en pasiva e indefensa -un hombre se la encuentra, la acoge en su casa, la seduce tímidamente, pero (fundamental) no consigue consumar su relación-, y después en víctima de la violencia apolíneo-dionisíaca (frialdad, racionalidad en la planificación, éxtasis como guía de la ejecución) masculina: un hombre intenta violarla, pero, al descubrir que bajo su piel se oculta un dáimon, decide para ella un destino común con tantas otras de su condición (proverbialmente, las brujas): la quema. El fuego purificador, con el humo alzándose hacia los Cielos daimónicos, se combina con la nieve purificada que cae de esos mismos Cielos; el film concluye, sin concluir.
Under the Skin - Final
Lo más profundo del hombre es la piel, dijo André Gide -y repitió Paul Valéry-. La piel que ocultaba al dáimon, la piel que es lo único que no accede al reino daimónico, la piel que cartografía la belleza y la deformidad daimónicas. La piel es lo que hay bajo la piel, lo más profundo.

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